Empiezo a creer que el Diablo me odia. Saber que voy a morir en la misma casa donde murió Juliana y no poder hacer nada para impedirlo es demasiado cruel. ¿Ya ni siquiera poder salir de noche? Fíjese, niña… para alguien como yo, que vivió en un sinfín de lugares y ciudades, y que conoció paisajes jamás presenciados por los ojos de ningún hombre, la peor de las condenas es permanecer encerrado aquí por la perennidad.